Udzungwa National Park, en la cima del mundo

2013 08 04 07.04.29

Si algo me ha sorprendido gratamente de Tanzania es su ecosistema. Cuando nos hablan de África y de hacer un safari siempre nos imaginamos unas grandes extensiones de tierra, llanuras inmensas con hierba seca, coloreada con todos los matices del ocre y con los felinos agazapados tras la hierba más alta. Pero nada más lejos de la realidad.

Tanzania es esas sabanas que siempre nos hemos imaginado y mucho más. Es un país en el que en un mismo día puedes estar atravesando llanuras, para acto seguido estar rodeado de altas montañas y, un poco más allá, de una frondosa selva.

Si hay un sitio en el que el bosque húmedo me ha impresionado más ha sido en las montañas de Udzungwa.

Subir a estas montañas es trasladarte a otro destino, a una dimensión de otro tiempo, en la que los árboles crecían metros y metros para poder recoger unos escasos rayos de sol y cada una de sus hojas, y cada parte de su corteza, tenía una utilidad concreta. Para curar, para aliviar, para saborear, para cocinar, para prevenir, para comunicar…incluso para soñar.

Y recuperando toda la fuerza de la naturaleza vas subiendo por las montañas de Udzungwa hasta llegar a un lugar casi mágico, envuelto en un halo de libro de hadas que reconforta el corazón. Un pequeño salto de agua, con un pequeño lago te invita a descansar del ascenso. Frescura, quietud, tranquilidad, y sobretodo silencio, ese silencio característico de las pequeñas cataratas en las que sólo alcanzas a oír el murmullo del agua y los trinos de los pájaros, a los que en Udzungwa se unen las llamadas de los colobos, unos monos endémicos de la zona.

Pero este no es el lugar, para mí, más sorprendente de Udzungwa, tienes que seguir subiendo, ascender por el sendero serpenteante y, en ocasiones, saltar algún que otro rudimentario puente hecho de troncos de madera.

Vas ascendiendo y la plenitud es máxima cuando llegas a la cima de la segunda catarata. No se vosotros, pero yo no es que tenga especialmente fácil la lágrima en lo que se refiere a contemplación de paisajes. Pues amigos, cuando llegué a lo alto del camino y observé a mis pies toda la planicie de los campos de cultivo de caña de azúcar las lágrimas brotaron de mis ojos sin ser llamadas. No pensé en nada, sólo en belleza y en la figura de mi padre y ya no pude parar. Sentada en lo alto con los pies colgando al mundo me vacié para llenarme de equilibrio, calma  y sosiego.

Este lugar tiene algo, te muestra lo diminuto que es el ser humano, pero te enseña a ver las cosas importantes que puede hacer y te ofrece el respeto por la naturaleza, por el entorno, y el recogimiento y la serenidad para con los seres queridos.

En las montañas de Udzungwa te puedes sentir en la cima del mundo pero nunca sintiendo que el mundo está bajo tus pies, sino con la sensación que formas parte de él, en armonía, y con la ilusión de poder disfrutar, todavía en nuestros tiempos, de naturaleza pura quien, realmente, es quien cuida de ti.

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